
Si Dios lo permite
La intrincada senda de Pentiment
El juego de Obsidian nos engaña desde el comienzo. Para transitar sus ingeniosos recovecos, debemos abandonar nuestra habitual posición de poder.
El juego de Obsidian nos engaña desde el comienzo. Para transitar sus ingeniosos recovecos, debemos abandonar nuestra habitual posición de poder.
La preocupación de Pentiment por la Historia va mucho más allá del rigor y la recreación de una época, atendiendo a un grosor filosófico de enorme valor en nuestro presente.
La unión de la comunidad sirve como pieza fundamental para destruir la naturaleza laberíntica del trauma, propiciando el cuidado de los individuos que la forman.
El imposible cruce entre el universo de Aloy y los bloques de construcción más populares del planeta complace, pero acaba no llegando muy lejos.
La dulzura del hermano Piero perfila Pentiment como un juego de base humanista en el que caben la injusticia y el prejuicio, la pobreza y la riqueza, pero que mantiene en su centro la misericordia.
Max Caulfield ha regresado, esta vez sin poder retroceder en el tiempo. No obstante, Double Exposure funciona a la perfección como un reflejo del juego original.
Aunque fijar la Historia sea un privilegio, controlar las historias del pueblo sería como frenar un río con las manos. Transmitirlas y, con ellas, transformar el mundo no parece tanto un poder como una maldición ineludible.
Además: Astro Bot vende 1,5 millones de copias desde su lanzamiento, Death Stranding llega a Xbox y GeForce Now impone límites de uso.
Los hay mejores, pero siempre les sobrevuela Dragon Quest.
Square Enix propone un remake sensible que sabe dejar a un lado sus ambiciones propias para que sean las ambiciones del original las que brillen en un merecido primer plano.